La mañana que parecía ser una más terminó convirtiéndose en una tragedia para una familia que esperaba con ilusión la llegada de su primer hijo. Fernanda Gastélum tenía una vida por delante, proyectos que apenas comenzaban a tomar forma y un hogar que se preparaba para recibir a una nueva vida.
La mañana del lunes 28 de septiembre, Los Mochis despertó como cualquier otro día. En una vivienda de la colonia Ampliación 12 de Octubre, una joven madre esperaba continuar con su rutina, sin imaginar que aquella jornada terminaría marcando para siempre a su familia y dejando un profundo dolor en la sociedad ahomense.
Fernanda Gastélum había construido su historia paso a paso.
Detrás de su nombre había una mujer con vocación por la enseñanza, cariño por su familia y sueños que poco a poco comenzaban a convertirse en realidad. Era licenciada en Educación Primaria y quienes la conocieron la recuerdan por su carácter alegre, su calidad humana y esa energía que, dicen, iluminaba los lugares donde estaba.
En su vida personal también atravesaba uno de los momentos que más había esperado.
Después de nueve años de relación sentimental, Fernanda y su esposo, Junior Duarte, estaban cerca de celebrar un nuevo aniversario de bodas. Pero esta vez había algo mucho más grande que celebrar: la llegada de su primer hijo.
La pareja había comenzado a preparar su hogar para recibirlo. Meses atrás habían compartido con familiares y amigos uno de esos momentos que quedan guardados para siempre: la revelación del sexo del bebé que esperaban.
Había fotografías, sonrisas, abrazos y planes.
Había un futuro que comenzaba a tomar forma.
Fernanda, además, tenía otro sueño entre las manos. Su sensibilidad artística y sus deseos de superarse la habían llevado a trabajar en la creación de su propio estudio fotográfico, un espacio que representaba independencia, creatividad y la posibilidad de construir un nuevo camino profesional.
Los preparativos avanzaban.
Pero la mañana de este lunes, todo cambió.
Una mañana que terminó en tragedia
Alrededor de las 9:30 de la mañana, Fernanda llegó a bordo de un Nissan Altima gris y se estacionó frente a su domicilio, ubicado en el cruce de las calles Juan S. Millán y Sindicatura Higuera de Zaragoza.
De acuerdo con los primeros datos recabados, un sujeto se habría aproximado y comenzó a dispararle.
La joven quedó gravemente herida.
Lo que siguió fueron minutos de desesperación. Su esposo acudió en su auxilio y la trasladó en un vehículo particular hacia un hospital privado del sector Centro de Los Mochis, donde los médicos intentaron salvarle la vida.
Fernanda ingresó en estado grave.
Mientras afuera continuaba la incertidumbre, dentro del hospital los médicos enfrentaban otra carrera contra el tiempo.
El bebé que Fernanda llevaba en el vientre también estaba en riesgo.
Una última oportunidad
Ante la gravedad de las lesiones y el avanzado estado de gestación, el personal médico realizó una cesárea de emergencia con la esperanza de salvar al pequeño.
Fue un intento desesperado por rescatar una vida que todavía no había comenzado a conocer el mundo.
Pero los esfuerzos fueron insuficientes.
Fernanda murió a consecuencia de las heridas provocadas por el ataque.
Su bebé tampoco logró sobrevivir.
En cuestión de horas, una familia que esperaba celebrar la llegada de su primer hijo tuvo que enfrentarse a una pérdida doble.
Dos vidas se apagaron antes de que ese proyecto familiar pudiera comenzar.
El silencio de un sueño inconcluso
En el mismo lugar donde Fernanda había imaginado construir parte de su futuro, quedó ahora el recuerdo de una mujer cuyos planes fueron interrumpidos violentamente.
Su estudio fotográfico, aquel proyecto que representaba ilusión y esfuerzo, quedó convertido en el escenario de una tragedia que hoy conmueve a familiares, amigos y habitantes de Los Mochis.
Quienes la conocieron hablan de una mujer trabajadora, alegre y comprometida con su familia. Una mujer que había encontrado en la docencia una vocación, en la fotografía una nueva oportunidad y en su hogar el proyecto más importante de todos.
La llegada de su primer hijo era, quizá, la ilusión más grande.
No alcanzó a conocerlo.
Y él tampoco alcanzó a conocerla.
Una investigación que apenas comienza
Mientras una familia enfrenta el dolor de una pérdida irreparable, las autoridades comenzaron las investigaciones para tratar de esclarecer el ataque.
La zona fue acordonada y personal de investigación y servicios periciales de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa realizó las diligencias correspondientes.
Elementos de seguridad desplegaron un operativo en los alrededores, mientras agentes investigadores recorrieron la zona en busca de cámaras de videovigilancia instaladas en establecimientos y domicilios que pudieran haber captado imágenes relacionadas con la agresión.
Hasta el momento, no se ha informado oficialmente sobre personas detenidas.
Las preguntas permanecen abiertas.
¿Quién atacó a Fernanda?
¿Por qué?
¿Quién estuvo detrás de una agresión que terminó con la vida de una mujer y del bebé que esperaba?
La investigación tendrá que responderlas.
Por ahora, en Los Mochis queda una familia vestida de luto y una historia que terminó demasiado pronto.
Fernanda tenía sueños, tenía proyectos y tenía un hogar que esperaba crecer.
Tenía una cámara que quizá algún día habría utilizado para retratar los primeros días de su hijo.
Tenía una vida por delante.
Hoy, en cambio, su familia conserva fotografías de los momentos felices que sí alcanzaron a vivir y el recuerdo de una mujer que esperaba con ilusión convertirse en madre.
La tragedia no solo dejó dos víctimas.
Dejó también un sueño familiar inconcluso y una comunidad que espera que este doble crimen no quede en el olvido.
